¡Cuánto amor habita en mí! Cuánta fuerza y estabilidad, cuánta alegría y cuánto odio, cuánta esperanza por los sonidos sordos. Siempre amagando a caer.
Con arco y flecha, bien preparada, bien guerrera... no hay que dejar que pasen por encima de uno. Nunca. Siempre frenando las bañas con el pecho, de frente. La pena y el dolor son el compromiso que debemos aprender a romper.
¿Tu serás la luz que me ilumina, el cielo que jamás podré tocar...? ¿Serás lo que creía inexistente? Lo más claro... ¿o lo más grande?.