¿Venís a pedir perdón por desaparecer? ¿Por irte sin despedirte, por marcharte sin dar avance? Quedate tranquilo, ya me acostumbré. Cada vez duele menos que la última vez.. pero se siente.
La apuñalada de tu adiós, el golpe en la cara al verte la espalda... irte y jamás regresar. Nunca cuando te necesito acá, junto a mi respiración, junto a mis latidos y cada paso que hemos compartido. Tantas historias, tantos recuerdos que se esfuman con el viento. No, ya me acostumbre... a volver a extrañarte otra vez. ¿Por eso te disculpás y lo sentís? No lo hagas. No hagas promesas que no vas a cumplir ni asegurarme cosas que sabés que no van a suceder. Si todo sigue así, tan gris.
Ya no sé como caer, si con la cabeza o con los pies. Siempre duele de una manera diferente, pero sí... pesa. Como lastima el verte partir. Siempre con el efecto boomerang. Vas y venís, una y otra vez. Con las mismas palabras pero en tiempos diferentes, ¿acaso no es lo mismo?, si siempre me vas a dejar partir. Entonces, no me trates de la que hace las cosas mal si sos vos el que me dice tres piropos y luego se va, dejándome así, con el corazón en la boca y la locura en las manos. ¿Cómo puedo yo estar feliz si me caigo a pedazos?.
Quisiera saber que es lo que soy... que aporto en tu vida, si soy importante o solo fantasía. Pero ya sé, por ahora nada más que creer. No te preocupes... ya me acostumbré.
